- Yo estuve a punto de casarme, ¿sabés?- le dice Nieves a Lupe mientras toman mate acostadas en hamacas paraguayas. Lupe cose un alien de colores saturados en una remera blanca.
- No, no sabía
- Sí. Cuando tenía veintipico de años. Con un admirador mío del circo, que me seguía dondequiera que nos presentáramos. Tanto quería estar conmigo que hasta aprendió malabares para entrar a la Compañía. Qué ridículo- ríe dulcemente Nieves- Era pésimo. Pero me trataba como a una reina. Se preocupaba por mí, por mi salud, no quería que trabajara más, decía que a la larga le iba a hacer mal a mi cuerpo. No entendía nada, pobrecito - su postura de reposo es con las piernas detrás de la cabeza- Yo al principio no me lo tomaba muy en serio, siempre he tenido algún que otro admirador arrastrándome el ala. Pero éste fue más insistente. Luis se llamaba. O se llama, no sé si seguirá viviendo. Era muy elegante y cortés.
- Un día lo invité a mi remolque- dice Nieves- y le hice el amor. Sí, yo. Él nunca se lo hubiera imaginado, vos sabés que en esa época... Y quedó encantado. No podía vivir sin mí, su coche siempre viajaba detrás de nuestros carros, como uno más. A veces ayudaba en la boletería, a ubicar a la gente, o a limpiar. No me acuerdo de qué trabajaba él, pero no me sorprendería que hubiera dejado de trabajar por mí. Nosotros hacíamos girars por el país, a veces hasta Chile, Uruguay, Bolivia. Yo también lo amé, pero de una forma más egoísta.
Estuvimos juntos mucho tiempo, Dios sabe cuánto, ya ni me acuerdo si mucho o poco.
Y me propuso matrimonio, me prometió una vida de lujos, comodidades. A él no le gustaba lo que yo hacía, viste. Y no era normal que una mujer se valiera por sí sola, lo normal hubiera sido encontrar un hombre como él, casarse y tener hijos. Pero yo no quería dejar mi pasión. Él insistió y yo insistí.
Entonces me dejó. Yo no le dí mucha importancia, así es como tenía que ser. Eramos de mundos muy diferentes.
Después al circo le empezó a ir cada vez peor. La gente conocía las rutinas de memoria, no se soprendían, ya no disfutaban como antes. Te estoy hablando hace treinta años atrás, y para esa época el público ya estaba interesado en otras cosas. Cada vez eramos menos, nos sacaron a los animales, mucha gente renunció. Y en el medio de todo eso, después de no haber sabido de él por años, aparece. Ofreciendome de nuevo las mismas promesas.
- ¿Y? - pregunta Lupe
- Y le volví a decir que no.
- Entonces nunca estuviste a punto de casarte
- No. Pero podría haber estado si hubiera querido
- ¿Y porqué no querías?
- No quería una vida cómoda, yo era feliz así.
- ¿Y ahora?
- Tengo mis momentos, pero también soy feliz así. No hay más agua en el termo
- Voy a buscar. Teneme al alien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario