domingo, 20 de febrero de 2011

Capítulo 6

- Si quieren empiezo yo- dice Hilda- Bueno, me llamo Hilda, como la mayoría sabrá. Éste es mi séptimo año en el Seminario, y es el séptimo año del Seminario también, lo que quiere decir que estoy acá desde el principio. Tengo 73 años y me escondo porque quiero vivir y disfrutar de la mayor cantidad de cosas posibles antes de que sea demasiado tarde, y porque a pesar de que el cuerpo no responde tan bien éste deporte me divierte horrores.
Están todos sentados en una ronda. Le sigue Nieves.
- Soy Nieves, la edad no se lleva en el documento sino en el espíritu, hace seis años que estoy en el Seminario, doy clases de "Caber en espacios reducidos" y me escondo porque puedo, porque nadie puede doblarse como yo, porque soy feliz y porque Jorge me hace comer como una reina.
- Yo soy Camilo, tengo 51 años, éste es mi cuarto año en el Seminario, doy las clases de "Control Mental y Corporal" para los que no me conocen, y me escondo porque quiero testear los límites de la mente y el cuerpo en éste campo, investigar cómo funcionamos en éstas situaciones, me parece muy enriquecedor venir acá y tener éste intercambio.
- Mi nombre es Miguel, tengo 40 años, es mi primer año acá y me escondo porque... bueno, en realidad nunca me escondí, no sé muy bien porqué vine, problemas con mi mujer, pero bueno, la escondida de pibe siempre me gustó, no se crean que... Me gusta el tema, sí, tengo ganas de esconderme y, claro, todo suena muy entretenido, no se crean que..
-Está bien Miguel, todos en un principio llegamos por razones similares- dice Hilda- En la próxima reunión vamos a ahondar sobre eso, por hoy ya está bien, sigamos, Leo.
- Bueno, yo soy Leo, tengo 24 años, es mi segundo año en el Seminario, y me escondo porque me encanta la gente y la energía que hay acá, son un par de semanas en que jugás a ser niño de nuevo, volvés a tener esa sensación en el estómago de que te estás por hacer pis encima de la emoción.
- Mi nombre es Carmen, es mi tercer año en el Seminario, y me escondo porque encuentro un lugar sano, de fraternidad y compañerismo que no se ve allá en la jungla de asfalto. Son las vacaciones perfectas.
- Soy Diego, la mayoría me conoce, tengo 41 años, soy abogado y deportista, doy las clases de "Leyes y estrategias de Escondida". Me escondo porque es un ejercicio fantástico, adrenalínico, fusiona intelecto y físico, lo redescubrí hace poco y mi idea es convertirlo en deporte Olímpico.
- Mi nombre es Guadalupe, tengo 20 años, es mi primer año en el Seminario y me escondo para redescubrir, como dijo Diego, esta actividad. En mi infancia nunca jugué mucho a la Escondida y me gustaría llegar a sentir ese pis en el estómago, o mejor en la vejiga.
- Yo soy Jorge, ya me presenté ayer en la cena, es mi séptimo año en el Seminario y me escondo porque es una acividad que nunca se debería dejar de hacer, no nos tiene que dar verguenza ni tenemos que sentirnos pavos, ni tampoco tomárnoslo con soda. El seminario es sobre el entusiasmo y la seriedad, sobre encontrar un grupo de gente para compartir ésta pasión que tengo, que tenemos todos, y hacerlo bien, aprendiendo.
- Hola, mi nombre es Apolo, tengo 27 años, es la primera vez que vengo, me llamaron para hacer el entrenamiento físico... Y me gustaría esconderme para encontrar deportes que pensé que no eran deportes y ver qué pasa.
- Yo soy Dora, vengo acá hace cinco años creo, y me escondo porque cualquier excusa es buena para irme de mi casa y del trabajo.
-Bueno, muy bien, ahora vamos a hacer unos pequeños ejercicios de confianza de grupo. A ver cuántos somos- dice Hilda contando- Nos vamos a poner en grupos de tres o cuatro. Uno se pone en el medio con los ojos cerrados, los otros alrededor. El del medio se va dejando caer, bien flojo, y los otros lo van sosteniendo y cuidadosamente se lo van pasando entre ellos. Es importante que el del medio esté bien flojo y los de alrededor bien atentos. Bueno dale, en grupos como ustedes quieran.
Lupe queda con Miguel y con Camilo.
Camilo es un excelente soporte, es casi como caer en una brisa que te sopla para adelante. Miguel es más tosco. Lupe reconoce cuando caerá en los brazos de cada uno. Cuando sabe que caerá sobre Miguel se pone ligeramente más tensa, cierra con más fuerza los ojos, esperando un golpe. A su vez Miguel no se deja caer cuando está en el centro, duro como una estaca, casi no cierra los ojos.
Camilo por su parte es casi una pluma, sostenerlo es un placer, como si estuvieras dejando volar un pájaro.
Unos metros más allá, Nieves deja caer a Diego al piso sin querer. "Ups" dice y se encoge de hombros. Jorge esboza una pequeña sonrisa.

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